Com trobar la seguretat quan parlem en públic?

Com trobar la seguretat quan parlem en públic?

Quan se sent segur el cargol? Quan és dins de la closca o quan és fora de la closca? Una resposta ràpida ens pot dur a afirmar que és a dins, atès que closca és el refugi. Tanmateix és precisament l’absència de por el que permet al cargol estar fora de la closca. És veritat que fora de la closca pot venir un ocell i cruspir-se’l.

seguretat per parlar en públic

Però si el cargol sempre té por que puguin passar coses terribles allà fora i sempre està intentant refugiar-se a dins de la closca, al final el cargol es morirà de fam. Quina relació té això amb nosaltres? Molta. Perquè tant cargol com nosaltres ens guiem principalment per l’instint de supervivència i aquest instint està dirigit per les reaccions emocionals que ens provoquen els estímuls que constantment estem rebent.

 

Aquí a Comunica jo treballo amb persones que senten una alta incomoditat quan se senten exposades a una audiència, quan han de, típicament dit, parlar en públic. A vegades tenen la necessitat d’amagar-se, però no poden, perquè han de defensar la seva tesi doctoral, perquè han d’impartir aquella conferència que porten tant de temps preparant, però l’instint de supervivència els demana amagar-se a dins de la closca. Què hi veiem, per tant, nosaltres? Veiem una persona que està intentant dissimular la incomoditat que sent.

Hem de tenir molt clar, si volem entrenar el nostre confort a l’hora d’enfrontar-nos a una audiència, que no podem escollir com ens sentim. Per tant, a l’hora d’entrenar les habilitats comunicatives, no és un objectiu no sentir nervis. Això és una fal·làcia.

L’objectiu ha de ser entendre què és comunicar i quin és el paper fonamental que juguen les emocions en totes les nostres decisions, i després treballar per, de mica en mica, sortir fora de la pròpia closca i ensenyar-li al cervell que la seguretat la trobarem en la capacitat d’exposar-nos i constatar que no hi ha cap ocell que vingui a menjar-nos.

No perdis l’oportunitat d’entrenar les teves habilitats comunicatives i l’oratòria amb un entrenament particular a la teva mida o amb talleres en grupos reducidos.

Confondre l’eina amb l’objectiu

Confondre l’eina amb l’objectiu

Aquesta setmana he començat a treballar amb una persona que el mes que ve participarà en un esdeveniment en el qual haurà de fer una intervenció. Aquesta persona té experiència a l’hora de parlar en públic i, afortunadament, no pateix de pànic escènic. Per què us ho dic això? Perquè, malgrat que hi hagi persones que tenen experiència i, a més a més, no pateixen o no pateixen gaire a l’hora d’enfrontar-se a una audiència, sovint cometen el mateix error.

clases de oratoria

Jo li he preguntat quin és el teu objectiu en aquesta conferència? I una resposta molt habitual és dir: explicar que… dir que… I no, l’objectiu mai no és explicar res o dir res. De la mateixa forma que quan fem un petó l’objectiu no és fer el petó. El petó és el mitjà en el qual ens recolzem per aconseguir alguna cosa.

 

I em diu, bé, doncs, transmetre molt de convenciment mentre estic fent la intervenció. Ep, ens estem apropant, però aquest no és tan poc l’objectiu en si mateix. Probablement, transmetre convenciment és un requisit per poder aconseguir aquell objectiu. L’objectiu, al final, sempre és aconseguir alguna cosa concreta.

És a dir, per exemple, que aquelles persones que estan participant com a públic en l’anàlisi i el judici de la intervenció d’aquesta persona arribin a la conclusió que allò que està dient és molt interessant o té moltíssima raó. Aquest és l’objectiu. Per tant, el que hem d’identificar sempre quan hem de preparar una conferència en primer lloc és l’objectiu i no hem de confondre mai l’objectiu amb l’eina.

L’objectiu sempre és aconseguir que el públic, aquell que ens escolta, que el nostre interlocutor, faci alguna cosa o reaccioni d’alguna forma que sigui favorable als nostres interessos.

No perdis l’oportunitat d’entrenar les teves habilitats comunicatives i l’oratòria amb un entrenament particular a la teva mida o amb talleres en grupos reducidos.

El silencio como herramienta comunicativa

El silencio como herramienta comunicativa

Uno de los retos más habituales con los que tengo que trabajar con mis clientes es la gestión del silencio. El silencio a menudo es aquello que se produce cuando no sé qué decir, cuando me estoy bloqueando y, por lo tanto, tengo que hacer todo lo posible para evitarlo. Y no, no es así.

el silenci com a eina comunicativa

El silencio no solo es imprescindible porque es el tiempo que necesitamos para pensar y para escoger todas y cada una de las palabras que nos permitirán traducir y transformar la idea en una oración comprensible para mi interlocutor. El silencio es también una nota musical de mi partitura dialéctica. Por lo tanto, tengo que incorporar conscientemente el silencio en esta música que es, al fin y al cabo, la comunicación.

Entonces, cuando asumimos que siempre necesitamos tiempo para escoger todas y cada una de las palabras y que ese tiempo implica silencio, nos quitamos un peso de encima. Y si nos quitamos ese peso de encima, podemos ir transformando poco a poco la concepción que tenemos del silencio, no como aquello que tenemos que intentar evitar a toda costa, sino como algo inevitable y que podemos convertir en nuestro amigo. Como esa herramienta que nos puede ayudar a transmitir que estamos lo bastante tranquilos, lo bastante cómodos como para permitirnos trabajar también con el silencio.

Por lo tanto, no intentes evitar el silencio. El silencio es tu amigo si sabes usarlo.

En el vídeo del final lo explico en un minuto y medio. Aquí lo desarrollo un poco más, con lo que trabajo en las clases.

El tiempo necesario y el tiempo voluntario

Para encontrar cada palabra siempre necesitamos un tiempo, y ese tiempo no lo escogemos. No puedes decidir tardar más o menos en recordar la capital de Francia: te acuerdas cuando te acuerdas. Es el tiempo necesario. También antes de cada frase sueles dudar un poco, porque tienes que decidir cómo transformas la idea en palabras. El problema no suele ser la duda, sino pretender no dudar.

Pero a ese tiempo le puedes añadir un tiempo que sí decides tú: el tiempo voluntario. Es la pausa del presentador antes de decir «and the winner is…». Ese silencio no es un bloqueo, es una decisión, y da peso a lo que viene después.

El detalle importante es que quien te escucha no sabe qué parte del silencio es necesaria y cuál es voluntaria. Por eso, cuando te das permiso para alargarlo un poco, el silencio que antes vivías como un bloqueo puede empezar a parecer, también a ti, una pausa que has elegido.

Hablar rápido no es tener prisa

Mucha gente cree que el problema es la velocidad, y no siempre lo es. Hay humoristas que hablan muy deprisa, y precisamente así sorprenden, pero no tienen prisa: se dan el tiempo que necesitan. Puedes hablar rápido o despacio. Lo que suele notarse es la prisa, es decir, no darte el tiempo necesario para encontrar la palabra.

La prisa tiene una manifestación muy reconocible: la salida en falso. Como el corredor de los 100 metros lisos que sale antes del disparo, empiezas a hablar o a gesticular antes de haber encontrado la palabra. El resultado suele ser una frase que empieza, se detiene y vuelve a empezar. Lo explico con más detalle en el artículo sobre el lenguaje corporal para hablar en público.

No lo dices para ti, lo dices para quien te escucha

Tú ya sabes lo que vas a decir: lo has preparado, lo has pensado y quizá lo has dicho muchas veces. Quien te escucha lo oye por primera vez. Por eso, un silencio que a ti te parece largo a menudo es el tiempo justo para que el otro procese lo que acabas de decir.

Cuando llenas ese espacio, no le ahorras tiempo al público: le puedes estar quitando el tiempo de pensar. A mis alumnos se lo resumo con una frase: no lo dices para ti, lo dices para nosotros.

Cuando te expones, no llenes con más palabras

Hay un momento en que la tentación de llenar el silencio suele crecer: cuando hablas de algo que te importa y te sientes más expuesto. Entonces es fácil añadir explicaciones, repetir la idea con otras palabras o justificar lo que acabas de decir. A menudo funciona mejor lo contrario: no digas más cosas; di las mismas y deja que el silencio termine de hacerlas llegar.

Esto cambia la idea de fluidez. Hablar con fluidez no es hablar sin parar. La fluidez también está hecha de silencios en los que sigues comunicando: con la mirada, con el cuerpo y con la emoción que sostienes.

Dónde mirar mientras callas

Cuando buscas la palabra, es habitual apartar la vista unos instantes. Un estudio publicado en Memory & Cognition observó que apartar la mirada puede ayudar a recordar. Por eso no hace falta que te obligues a mirar al público mientras piensas: puedes mirar fuera y volver a mirar cuando encuentras la palabra.

Lo que suele transmitir inseguridad es otra cosa: la mirada que se va mientras hablas. Lo explico en el artículo sobre la comunicación no verbal.

Un ejercicio para perder el miedo al silencio

Pide a alguien que te haga preguntas sencillas: cuál es la capital de Japón, cómo se llama tu calle, cuánto son 87 más 13. Antes de responder, aparta la mirada y date un poco más de tiempo del que necesitas. Después responde volviendo a mirar a la otra persona, como si la respuesta fuera un descubrimiento.

Las preguntas son fáciles a propósito: así puedes notar que ese silencio no viene de un bloqueo, sino que es tiempo voluntario. Después pruébalo en conversaciones reales, donde no te juegas nada. No hace falta hacerlo cada vez: si lo consigues de vez en cuando, ya es un avance.

Si quieres trabajar el silencio con alguien que te acompañe, es una de las cosas que trabajo en el curso de oratoria. También lo puedes entrenar en grupo en los talleres en grupos reducidos.

¿Jugar para hablar en público?

¿Jugar para hablar en público?

Quan espontàniament ens permetem jugar, s’està complint una premissa que és fonamental, i és que ens sentim prou segurs com per permetre’ns fer broma amb nosaltres mateixos. Això passa, per exemple, en contextos en els quals estem nosaltres sols o amb persones de molta confiança. Contextos en els quals ens sentim dins d’una zona de confort que ens permet deixar-nos anar, que se’n diu.

Aquest fenomen, el de jugar de forma espontània, a més de ser una manifestació de benestar emocional, és també una característica comuna amb d’altres animals. És a dir, un gos juga quan se sent bé, quan se sent segur, quan està dins del seu àmbit de confort. I no pot jugar si sent por, si sent aguit, si sent dolor, si té fam.

oratoria barcelona

És a dir, si té incomoditat, per petita que sigui, el gos no pot jugar. En canvi, nosaltres, els humans, com que tenim la capacitat de prendre decisions que són conscients, sí que podem permetre’ns, forçar-nos, obligar-nos a jugar. Encara que estiguem nerviosos, encara que tinguem neguit, encara fins i tot que tinguem por. Com fa l’actor que surt a l’escenari amb nervis el dia de l’estrena.

Però, si jugar és divertit, com puc jugar si sento nervis, si sento por, si sento neguit, per exemple, a l’hora d’enfrontar-me a una audiència? I aquí és on entra el concepte del comportament conscient.

L’instint de supervivència el que ens demana és dissimular. Hi ha un altre article en el qual explico la diferència entre actuar i dissimular. I dissimular, com que és purament espontani, purament emocional, ens priva de qualsevol mena de control sobre els mecanismes que estem fent servir a l’hora de comunicar-nos.

 

En canvi, jugar, el concepte de jugar, és un element alliberador. Està clar que aprendre una tècnica és quelcom que ens ajuda a tenir més elements de confiança per llançar-nos a la piscina i començar a jugar. Ara bé, en aquest procés d’aprenentatge de totes aquestes eines, hi ha una dificultat que es planteja de forma recorrent i que és perfectament comprensible.

 

I és que el subjecte pot manifestar: «Escolta, César, mira, jo és que en determinats contextos sí que em puc permetre jugar per parlar en públic perquè no són importants, perquè no m’hi estic jugant res, però quan jo he de fer una conferència que és important, he de fer un discurs en el qual sento que m’hi estic jugant una part important del meu prestigi, per exemple, jo allà no he de jugar, perquè jo allà ho he de fer bé. Jo allà no he de fer el pallasso. Jo allà m’he de comportar d’una forma en què la gent em prengui seriosament.

 

I això és un greu error, perquè es cau en el parany d’associar el fet de jugar amb no prendre-s’ho seriosament. Jugar no vol dir ni deixar de ser nosaltres mateixos, ni no donar importància a allò que estem fent. Al contrari, és tan important la consecució del meu objectiu comunicatiu que m’he de poder permetre jugar per tenir eines que m’ajudin a transmetre allò que jo vull que vegi el públic que m’està observant.

 

Per tant, davant d’aquesta dicotomia jugar o no jugar, davant de la pregunta: és una bona idea jugar per parlar en públic? la resposta és molt clara. Sí, jugar és una magnífica idea sempre.

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Comportamiento consciente para hablar en público

Comportamiento consciente para hablar en público

Nosaltres, els humans, tenim una característica comuna amb la resta d’éssers vius. I, a més a més, un objectiu que és comú, que és la supervivència. És a dir, els cargols, els coloms, els gats, els gossos, les bactèries i els humans compartim un objectiu que és mantenir-nos vius, perquè això és el que fa possible la perpetuació de l’espècie.

Tots aquests éssers vius, almenys els que tenim sistema nerviós, regim el nostre comportament a partir dels estats emocionals que ens provoquen els estímuls que constantment estem rebent. Per això no sempre prenem les mateixes decisions en les mateixes circumstàncies. L’estat emocional en el qual ens trobem determina quina serà finalment aquesta decisió.

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La diferència entre nosaltres i un colom, per exemple, és que nosaltres, a més a més de prendre decisions que són purament instintives, purament emocionals, també prenem decisions que tenen un percentatge molt important de racionalitat, de voluntat, d’anàlisi de la situació, d’anàlisi dels pros i els contres, de prendre una determinada decisió, malgrat que aquella decisió sempre serà condicionada per l’estat emocional en el qual ens trobem. 

Tornem a l’exemple del colom: suposem que anem caminant pel carrer i passem a una distància que el colom jutja que és potencialment perillosa. Aquell colom tindrà una reacció emocional que no pot escollir, que serà de por o de neguit.

De fet, parlem sempre de por, però la por pot anar des d’un petit nerviosisme fins al pànic total i absolut. Depenent de la intensitat, li posarem un nom o un altre, però sempre estem parlant, al cap i a la fi, de la por. Doncs bé, aquell colom, davant d’aquella reacció emocional de por i seguint el seu instint de supervivència, el que farà és allunyar-se per salvar-se.

En això nosaltres fem exactament el mateix. És a dir, quan ens trobem en una situació que ens causa incomoditat, el que ens demana l’instint és marxar. El que passa és que nosaltres potser analitzem si val la pena marxar o no.

Algú diu: Ara que he de defensar la meva tesi doctoral i sento nervis, em puc permetre marxar? Ara que… M’enteneu, oi? En canvi, el colom això no ho fa. El colom no pensa en si està perdent una oportunitat deixant escapar aquella engruna de pa. El colom no es planteja si els altres coloms jutjaran que és un covard.

No es planteja, no li importa què podem opinar nosaltres del seu comportament. En canvi, a nosaltres sí, és clar. A nosaltres ens importa, ens condiciona l’opinió que els altres puguin tenir també del nostre comportament i això influeix, naturalment, també en les nostres decisions.

Aleshores, per què us explico tot això? Perquè els coloms, com que totes les decisions que prenen són 100% emocionals, no poden aprendre des d’un punt de vista conscient, des d’un punt de vista racional. I nosaltres sí, i això és un avantatge molt gran, perquè això ens permet analitzar quines són les eines que estem fent servir, analitzar si ens estan funcionant o no ens estan funcionant i a partir d’aquí veure com, de mica en mica, podem anar progressant. Dit d’una altra forma, no podem superar la por a res si no ens enfrontem a allò que ens fa por, evidentment.

Ara bé, a l’hora d’enfrontar-nos a allò que ens fa por, ho podem racionalitzar, entendre per què sentim aquella por i analitzar quines són les eines que ens poden ajudar a superar aquella situació que ens incomoda. En el cas de l’oratòria, aprendre que aquestes coses van lligades a qüestions de la respiració, del tempo, de la vocalització, del llenguatge gestual, de la incorporació del silenci, elements que utilitzem sense pensar de forma instintiva, però que si aprenem a fer servir de forma conscient, de forma racional, ens empoderen. Per això és tan útil aprendre una tècnica a l’hora de comunicar-nos.

Perquè sempre podrem anar molt més enllà que un colom.

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Parlar en públic amb nervis: Actuar o dissimular?

Parlar en públic amb nervis: Actuar o dissimular?

Quan a l’hora de parlar en públic sentim nervis, el que més ens importa és que se’ns noti, oi? I davant d’aquesta situació, què hem de fer? Hem de dissimular o hem d’actuar? Estem parlant potser de dos comportaments que són iguals o similars? En absolut, no tenen res a veure. 

La dissimulació és instintiva i és reactiva. Podriem dir que pensem: «si quan estic nerviós aconsegueixo tapar la incomoditat, doncs la gent pensarà que estic tranquil».

César Rojas Oratòria

Però, en aquest cas, estem venuts a la sort. És com si volguéssim creuar un riu amb una barca que té vies d’aigua. Estaríem patint tota l’estona per intentar trobar aquestes vies d’aigua i ser capaços de tapar-les pregant per aconseguir arribar a l’altra llera del riu abans que la barca s’enfonsi.

En canvi, l’actuació és propositiva i, a més, és conscient perquè no podem actuar sense voler. Cal deixar clar que actuar no vol dir, almenys necessàriament, deixar de ser nosaltres mateixos. Per tant, aquesta actuació, aquest comportament conscient, com que és conscient, ens empodera perquè nosaltres prenem decisions sobre la forma en què ens mostrarem davant dels altres.

Això, per suposat, implica l’aprenentatge d’una tècnica i la correcta aplicació d’aquesta tècnica demana temps, demana constància, demana rigor, demana pràctica. Molta pràctica. Però aplicar aquesta tècnica és el que em permet adonar-me que el meu missatge està arribant de la forma en què jo pretenc que arribi i és copsar que el públic m’està interpretant de la forma en què jo vull, cosa que, de retruc, tindrà beneficis des d’un punt de vista emocional, facilitarà que jo em senti millor. 

És a dir, no és jo deixo de sentir nervis i, per tant, transmeto tranquil·litat, sinó que jo decideixo quines característiques té el meu comportament.

Veure que el meu comportament s’està entenent de la forma en què jo vull és el que, de retruc, a mi em dona un benefici des del punt de vista emocional. Per tant, davant d’aquesta dicotomia entre actuar o dissimular, entre amagar o proposar, la resposta és molt clara, actuar.

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