Miedo a hablar en público: cómo gestionarlo
Miedo a hablar en público: cómo gestionarlo
Cuando alguien me contacta por primera vez, suele decirme lo mismo: «César, cuando tengo que presentarme delante de un grupo, lo paso fatal.» Y lo primero que le digo siempre es lo mismo: el miedo a hablar en público no es un defecto tuyo. Es, de hecho, una prueba de que tu cerebro funciona correctamente. por a parlar en públic no és un defecte teu. És, de fet, una prova que el teu cervell funciona correctament.
¿Por qué sentimos miedo a hablar en público?
Demos un paso atrás. El miedo es un mecanismo de defensa que se activa cuando nos encontramos ante una situación cuyas consecuencias desconocemos. Y hablar delante de una audiencia lo es: no sabemos cómo va a reaccionar la gente, no sabemos si lo que digamos gustará, no sabemos si nos juzgarán bien o mal. El cerebro humano, que lleva 200.000 años programado para sobrevivir, interpreta ese desconocimiento como un peligro y nos pide huir. Ya hablé de este mismo mecanismo, aplicado a por qué reaccionamos así ante cualquier acto comunicativo, en un artículo anterior.
En una entrevista de radio que hice hace un tiempo, lo resumí así: el miedo escénico es, en el fondo, miedo a morir. No es racional —sabemos perfectamente que nadie va a morir por dar un mal discurso— pero la emoción no entiende de razones. Y las emociones, siempre, van por delante.
No sois pocos los que os encontráis en esta situación. Se estima que un 75% de la población siente algún grado de ansiedad al hablar delante de un grupo, lo que se conoce como glosofobia, según recoge elDiario de la Universidad Pablo de Olavide.Dicho de otro modo: si sientes nervios estás en la mayoría, no en la excepción.
Sentir miedo no es el problema
Aquí viene la parte que suele sorprender a más gente: yo no trabajo para que mis alumnos dejen de sentir nervios. No puedo, y quien te prometa quitarte el miedo a base de tres trucos de fin de semana te está engañando. No podemos elegir cómo nos sentimos, de la misma manera que no podemos elegir estar más o menos enamorados.
Siempre pongo el mismo ejemplo: Leo Messi, chutando un penalti en una final de Mundial. ¿Estaba nervioso? Sin duda. Se jugaba mucho. Pero la diferencia entre él y cualquiera de nosotros no es la intensidad de los nervios, es la técnica. Nosotros, temblando, chutaríamos el balón cruzando los dedos. Messi decide dónde la colocará, con qué pierna, con qué fuerza, porque ha entrenado ese gesto mil veces. Los nervios están igualmente presentes, pero ya no deciden ellos.
Con hablar en público pasa exactamente lo mismo. El objetivo no es no tener miedo. El objetivo es tener una técnica lo bastante sólida para que ese miedo no sea quien conduzca.
El duendecillo que te frena
Hay una vocecita que aparece justo antes de lanzarte: «¿y si no les gusta?», «seguro que te equivocas», «mejor no te arriesgues». Yo lo llamo el duendecillo. Es esa parte de nosotros que, para protegernos, nos pide escondernos, hablar bajito, no mover las manos, pasar desapercibidos.
El problema es que hacerle caso al duendecillo no nos hace sentir más seguros a largo plazo: nos hace pequeños. Y cuando actuamos desde el miedo —encogidos, sin mirar, hablando flojo— la gente lo nota, aunque no seamos conscientes de ello. En cambio, cuando nos atrevemos a mostrarnos con generosidad, luchamos contra el duendecillo, lo silenciamos, y la comunicación cambia por completo.
Porque, y esto es clave, una cosa es sentir miedo e intentar disimularlo, y otra muy distinta es actuarActuar —en el sentido de interpretar un papel de forma consciente— no es fingir ser alguien que no eres. Es decidir, a pesar de los nervios, qué imagen de ti quieres transmitir.
Herramientas prácticas para gestionar el miedo a hablar en público
Una vez asumido que los nervios no se van a ir, la pregunta útil es: ¿qué puedo hacer para que no me bloqueen?
Respira desde el diafragma Cuando estamos nerviosos, la respiración sube al pecho y se acelera. Respirar desde más abajo, de forma pausada, envía al cuerpo un mensaje de calma y, de rebote, hace que la voz suene más segura.
Bosteza antes de salir Suena raro, pero es una de las herramientas más infravaloradas que conozco. Bostezar relaja la mandíbula, destapa los oídos y reduce la tensión acumulada. Si antes de una reunión importante notas el cuerpo encogido, pruébalo.
Haz amistad con el silencio El silencio no es el momento en el que «no sabes qué decir». Es el tiempo que necesitas para elegir la siguiente palabra. Cuanto más lo temas, más prisa tendrás, y la prisa es el origen de la mayoría de los bloqueos. https://www.comunica.barcelona/articles/el-silenci-com-a-eina-comunicativa/
Prepárate, pero no memorices palabra por palabra. Tener claro el objetivo de tu intervención —qué quieres que sienta quien te escucha— da mucha más seguridad que aprenderse un guion de memoria, porque un guion memorizado se rompe con cualquier imprevisto.
El caso de M.
Hace un tiempo empecé a trabajar con una chica —llamémosla la M.— que llegaba a las sesiones diciendo una frase que oigo a menudo: «no sé por qué, pero me bloqueo, no digo las cosas como querría.» Enseguida vi que tenía dos virtudes poco habituales juntas: mucho talento para captar las emociones y mucho valor para lanzarse, a pesar del miedo.
Trabajamos sobre todo a base de atreverse: apagar la luz para comprobar que no había ningún monstruo, por decirlo de alguna manera. Al cabo de unas veinte horas de trabajo, hizo su primera presentación importante. No le pregunté si había tenido miedo —sé que sí—, sino cómo lo había gestionado. Y la respuesta, esta vez, fue distinta a la del primer día.
No se trata de eliminar el miedo, sino de no depender de él
Si te vas con una sola idea de este artículo, que sea esta: el miedo a hablar en público no desaparece porque alguien te lo prometa, desaparece la dependencia que tienes de él cuando adquieres una técnica que te da control real. Es un proceso, no un interruptor, y requiere práctica, no atajos.
Si quieres trabajarlo de forma personalizada, en las clases de nuestro curso de oratoria trabajamos exactamente esto: no eliminar los nervios, sino que dejen de decidir por ti. Un curso de oratoria riguroso no te engaña ni te promete imposibles, te da la técnica que necesitas para enfrentar las situaciones de miedo con las máximas garantías.



