Por qué nos comunicamos: el objetivo que compartimos con cualquier ser vivo
Hazte una pregunta sencilla: ¿cuál es el objetivo más importante que tienes ahora mismo? Seguramente nunca lo habías pensado en estos términos, porque es un objetivo tan básico que ni lo notamos. Es el mismo objetivo que tienen todas las personas de Barcelona, todas las personas del planeta y, de hecho, todos los seres vivos que hay hoy en la Tierra: sobrevivir.
Respirar es imprescindible para sobrevivir. Y comunicarnos también lo es. No es una decisión que tomemos conscientemente cada mañana. Si yo, ahora mismo, decidiera salir de una sala sin decir nada, ya te estaría comunicando algo. Todos los seres vivos se comunican, cada uno a su manera —la nuestra, como especie, es la más compleja de todas—, pero nadie escapa a esto.
Somos biológicamente idénticos a hace 200.000 años
Aquí viene la parte que más suele sorprender a quien viene a mis clases. Los homo sapiens aparecimos hace unos 200.000-300.000 años, según el registro fósil de la especie. En términos de vida en la Tierra, esto es ayer. Y somos biológicamente prácticamente iguales a aquellos primeros humanos.
Lo que ha cambiado a una velocidad brutal es nuestra evolución cultural y tecnológica, no la biológica. La vida en el siglo XVIII se parecía mucho más a la del siglo XVI que tu vida se parece a la de tus abuelos. Y cada vez vamos más rápido. Nuestro cerebro, en cambio, sigue funcionando con el mismo manual de instrucciones de hace doscientos mil años: sobrevivir por encima de todo.
Por qué sentimos miedo al hablar en público
Uno de los estados emocionales más primarios, y que está directamente ligado a la supervivencia, es el miedo. El miedo es un mecanismo de defensa que se activa cuando nos encontramos ante circunstancias de las que no conocemos las consecuencias.
Imagina que mañana tienes que hacer una exposición oral y te pones muy nervioso. Desde un punto de vista racional, sabes perfectamente que no te pasará nada grave. Pero desde un punto de vista emocional, tu cuerpo tiene la necesidad primaria de huir. Y esto pasa porque las emociones son mucho más poderosas que la razón.
Si la razón fuera siempre por delante de la emoción, la vida sería mucho más aburrida (y, sinceramente, también más sencilla). Simplemente analizaríamos que no tenemos ningún motivo real para sufrir y no nos pondríamos nerviosos. Pero no funcionamos así.
El cerebro que te avisa de peligros que ya no existen
Este mecanismo se ve todavía más claro cuando pensamos en el futuro. Imagina que tienes una entrevista de trabajo mañana y, en la anterior, te trabaste mucho y lo pasaste mal. Es fácil que esa noche no puedas dormir bien, pensando que te volverá a pasar lo mismo.
Aquí no hay ninguna seguridad real al anticipar ese futuro: solo inquietud. Y pasa porque sigue ligado a la supervivencia. Tu cerebro, que sigue siendo el mismo de hace 200.000 años, interpreta: "no vayas, lo pasarás fatal, te volverán a pasar aquellas cosas". Si fuéramos un ciervo que siente una amenaza en el bosque, la decisión sería puramente emocional y saldríamos corriendo sin pensarlo. Pero tenemos algo que el ciervo no tiene: la capacidad de tomar decisiones conscientes, de analizar y de imaginar el futuro con perspectiva. Puedo pensar: "si no voy, seguro que no consigo el trabajo, y me sentiré frustrado". Y eso me da el valor para ir de todas formas.
Por qué nos comunicamos: la conclusión práctica
Entender por qué nos comunicamos —y por qué sentimos lo que sentimos cuando lo hacemos— es el primer paso para trabajarlo de verdad. No se trata de eliminar el miedo o los nervios antes de hablar en público, porque eso sería ir en contra de cómo estamos hechos. Se trata de entender de dónde viene esta reacción para poder gestionarla, en lugar de que ella te gestione a ti.
Este es exactamente el punto de partida de mi curso de oratoria en Barcelona: no trabajamos para convertirte en alguien que no siente nada, sino para ayudarte a comunicarte bien precisamente sabiendo que eres un ser humano con emociones que, muchas veces, van muy por delante de la razón.
Artículo basado en la conferencia «Les emocions i la comunicació» de César Rojas. Impartida en la Associació Tartamudesa Catalunya