Objetivos: comunicar con decisiones, no con suerte.
Entrenar las habilidades comunicativas sirve para entender qué haces cuando comunicas y poder decidirlo, en lugar de dejarlo al piloto automático.
Cuatro objetivos del entrenamiento.
Entender qué pasa cuando comunicas
El primer objetivo del entrenamiento no es que hables mejor. Es que entiendas qué está pasando.
Comunicamos continuamente sin saber qué estamos haciendo. Hacemos gestos, elegimos un ritmo, evitamos un silencio, miramos hacia un lado o hacia otro, y casi siempre lo hacemos en piloto automático. El resultado llega a los demás igualmente, pero no lo hemos decidido nosotros.
Comprender el papel que tienen las emociones en todo esto —en qué comunicamos y en por qué transmitimos inseguridad o certeza, pasión o apatía— es lo que permite empezar a decidir.
Dejar de depender del azar
Este es el cambio de verdad, y es el que más valoran las personas que han pasado por aquí.
Cuando sabes qué herramientas usas, puedes analizar si te están funcionando o no. Puedes decidir si quieres hablar más rápido o más lento, si quieres hacer este gesto o aquel otro, si en ese momento te conviene transmitir seguridad o vulnerabilidad.
Esto no significa que los nervios desaparezcan. Significa que dejan de decidir por ti.
Actuar no es dejar de ser tú
Mucha gente confunde actuar con fingir, y son cosas opuestas.
Disimular es instintivo y reactivo: intentas tapar la incomodidad y esperas que nadie lo note. Quedas a merced de la suerte. Actuar es propositivo y consciente, porque no se puede actuar sin quererlo. Tomas decisiones sobre la manera en que te mostrarás ante los demás, y eso empodera.
La actuación no ocurre solo en contextos de ficción: forma parte de tu día a día. Adoptas roles continuamente, adaptándote a la circunstancia. Ya lo haces; la diferencia es hacerlo sabiendo cómo. Te lo explico con detalle en el método de trabajo.
Qué te llevas cuando te vas
El último día que te vayas de Comunica, después de haberte entrenado semanas, meses o años, quiero que lo hagas con una mochila llena de herramientas que te sirvan de verdad.
No son herramientas para un discurso concreto. Sirven para crecer a nivel profesional y también a nivel personal, porque la comunicación no se queda en la sala de reuniones: se va contigo a todas partes.
Esto pide tiempo, constancia y rigor. Aquí no hay fórmulas mágicas ni cursillos que lo arreglen todo en un fin de semana. Hay entrenamiento, y lo puedes hacer con curso de oratoria. Si lo que tienes es una fecha concreta en el calendario, el camino es preparar exposiciones orales.